Critica política exterior española

Madrid, 4 de Julio.- La política exterior española para América Latina tiene un perfil bajo y con malos resultados, por lo que aún puede rectificarse y tener un papel más decisivo en la zona, consideró el ex canciller mexicano Jorge G. Castañeda.
En un artículo de opinión publicado este viernes en el diario español El País, el ex secretario de Relaciones Exteriores (2000-2003) criticó la actuación del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por sus acercamientos con gobiernos de izquierda y populistas.
En su texto titulado “La errática política exterior de Zapatero”, Castañeda utilizó la reciente visita a España del presidente mexicano Felipe Calderón para preguntarse si la buena recepción que se le brindó obedece a un cambio en las relaciones con América Latina.
Expuso que entre los motivos para esa buena recepción a Calderón podría estar el que el gobierno socialista y su partido pueden ser criticados -y lo han sido, dentro y fuera de España- por su política latinoamericana.
“Ha sido cuestionada por omisa: desde 2004, se ha interesado menos por la región que bajo José María Aznar, y, sobre todo, que cuando la ocupaba Felipe González. El perfil de España sí parece más bajo, para bien o para mal (en mi opinión, para mal)”, afirmó.
Recordó que a dicha política “se le ha reprochado el acercarse en exceso e indistintamente a los regímenes de izquierda de América Latina: con La Habana, igual que con Santiago de Chile; con Hugo Chávez, igual que con Lula; con Evo Morales, igual que con Tabaré Vázquez”.
Ello “sin tomar distancias frente a desempeños preocupantes de algunos gobiernos en materia de derechos humanos y democracia”.
Castañeda refirió que “el estallido de Juan Carlos I contra Chávez en Chile, fue sintomático: no es psicología de banqueta suponer que provino de una exasperación largamente contenida”.
“Guardar silencio durante ya casi cinco años frente a excesos verbales, económicos y políticos de Chávez no resultó ser el mejor camino. Seguir poniendo la otra mejilla española sólo va a enrojecer ambas”.
Sobre la relación con Cuba, explicó que “a la luz de su historia y sus intereses económicos, España debe desempeñar un papel central en la hipotética transición cubana”.
No obstante, advirtió que “volverse el adalid de la normalización con los Castro a cambio de nada entraña un peligro: recrear, por enésima vez, una excepción cubana”.
Agregó que ello, además, socava los instrumentos jurídicos e internacionales construidos a lo largo de los años por América Latina para protegerse de los demonios autoritarios que la habitan desde tiempos inmemoriales.
Castañeda remarcó que España “brilló por su ausencia” en la reciente crisis entre Ecuador y Colombia, por la incursión para la captura de los ordenadores de Raúl Reyes, uno de los dirigentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
“Y ante las repetidas embestidas de Evo Morales y de los Kirchner contra empresas españolas, francesas, brasileñas y de otros países, la respuesta ibérica se antoja prudente al extremo”.
Sostuvo que se trata de una prudencia que, “inmersa en este conjunto de posturas, reviste muchas ventajas, pero costos también: hay quienes, en España, en Europa, en América Latina, no comparten la estrategia que la inspira”.
Por todo ello, el académico mexicano consideró que el cariño mostrado en España a Calderón es porque tal vez Rodríguez Zapatero “buscó demostrarle a sus críticos internos y externos, europeos y americanos (del sur y del norte), que no sólo es amigo de Raúl y de Chávez”.
“También (es amigo) del gobierno de centro-derecha más importante de América Latina, del país hispano-americano más grande e influyente, del presidente joven y audaz, junto con Alvaro Uribe, más en boga de la región”.
Subrayó que tras luchar España contra las dictaduras latinoamericanas en los años 80 y respaldar las transiciones democráticas en los 90, se extraña la presencia española en la región.
Explicó que esa extrañeza se da “a la mitad de la batalla ideológica en curso, entre las dos grandes corrientes que aspiran a llevar a Iberoamérica a la modernidad”.
La primera, de izquierda dura, estatista, anti-imperialista, imbuida de tentaciones autoritarias, populista; la otra, de centro-izquierda o centro-derecha, globalizada, democrática, pro-mercado y moderada”.
Añadió que ante ello “España debe figurar, su sociedad y gobierno deben contar, su prestigio y su experiencia deben influir”.
Notimex






































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